Con 8,5m de longitud, 3,85m de ancho y un máximo de 6m de altura, se trata de la iglesia mozárabe de menor tamaño que conocemos. Según consta en un documento de principios del siglo XI, este pequeño oratorio fue edificado, muy próximo al monasterio de Celanova, en el año 936 por San Rosendo de Dumio en memoria de su hermano Froila, fundador del mismo. Parece ser que en en su origen fue un hospitiolotium y, por lo tanto, estaba destinado a servir de alojamiento a monjes ajenos al monasterio que estuvieran de paso en él.
Construido en magnífica piedra de sillería en la tradición del mejor arte visigodo del siglo VII, consta de una pequeña nave cuadrada, sin compartimentos laterales, una pequeña antesala o atrio y un ábside diminuto, San Miguel dispone de una única puerta al exterior, adintelada y situada, como es muy habitual en las iglesias mozárabes, en el costado sur, aunque en este caso no está en el centro de la iglesia, sino en el atrio, y cuatro ventanas, todas ellas abocinadas, muy estrechas y terminadas en arcos de herradura, que están situadas una en el ábside, otra en el atrio y las otras dos en la parte superior de los costados este y oeste de la cámara principal. Ésta está cubierta por un tejado a cuatro aguas que termina en un gran alero formado por grandes losas de granito soportadas por amplios modillones de piedra, Lo que confiera a esta pequeña capilla una importancia especial en el estudio de la arquitectura mozárabe, es el hecho de que en la cobertura de cada uno de los tres cuerpos, los tres abovedados, se han utilizado sistemas diferentes, lo que la convierte en un auténtico muestrario de los métodos de abovedamiento utilizados en dicho estilo. La cámara principal se cubre con una bóveda de arista en ladrillo, sostenida por arcos peraltados que parten de unas ménsulas de rollos, que se eleva lo suficiente como para que hayan podido abrirse en los muros oriental y occidental las dos ventanas a las que ya hemos hecho referencia. La bóveda del atrio es de cañón en forma de herradura apoyada sobre una moldura de arranque y el ábside está cubierto por una bóveda formada por la intersección de ocho casquetes esféricos de forma que, aunque su forma exterior es un cuadrado, la interior forma un herradura muy cerrada, de 1,35m de radio, que recuerda más a un mihrab árabe que a un ábside cristiano, ya que deja un espacio muy reducido
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alrededor de un pequeño altar de época muy posterior. La estructura de San Miguel de Celanova recuerda en muchos puntos a la de Santiago de P El resultado final es que en este pequeño edificio, de menos de 22m2, podemos comprobar de forma fehaciente la relación entre el arte visigodo y su sucesor, el arte mozárabe que, como ya hemos indicado, desde nuestro punto de vista debería ser llamado "neovisigodo". En efecto, todo en él es un canto al eclecticismo que permite a los constructores utilizar según su propio criterio en cada edificio los elementos artísticos o técnicos conocidos en cada momento, sin tener que atenerse a normas prefijadas, lo que genera una libertad de creación que consideramos como la característica más significativa de estos dos periodos del arte altomedieval español. En San Miguel de Celanova encontramos elementos tomados de San Fructuoso de Montelius, como su tipo de construcción, la apariencia de estructura cruciforme y su aspecto exterior en general, junto algún detalle del arte asturiano como los contrafuertes, y todo ello unido a unas técnicas de cobertura y, quiza lo más importante, una sensibilidad árabe en todos los detalles de su interior, desde la decoración de las bóvedas y los arcos de herradura con alfiz, hasta el tratamiento de la luz, en base a ventanas estrechas con derrame interior y las cuatro situadas de forma que iluminan a dos alturas el longitudinalmente el interior, dando una mayor sensación de profundidad a un espacio de tan reducidas proporciones.
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